
Y hoy siento que en la perfección no hay puertas.
Ni ventanas.
La perfección nos encierra.
Es una rama seca,
un desabrido universo.
Y yo que quiero herir mi lengua
lamiendo errores.
Quiero liberar pájaros.
Borrar fronteras, derribar muros.
Gritar dudosas verdades o verdaderas dudas.
Creer en la magia y maldecir los milagros.
Vestir de lujo al infierno,
para mudarme a ese aislado paraíso.
Todo eso en mi imperfecta existencia,
llena de puertas apenas entornadas
llena de ventanas abiertas.
Gracias a que somos imperfectos la vida tiene algo de salsa, y el aliciente de que gracias a los fracasos aprendemos y aunque nos caigamos volvemos a levantarnos y a intentarlo de nuevo.Sería muy gris la perfección absoluta. Así que es bueno que caminemos hacia esa perfectibilidad inalcanzable.
ResponderEliminarAsí que, sigamos como dices con las puertas apenas entornadas y las ventanas abiertas.
Un beso.
Gracias, Daniel. Estoy absolutamente de acuerdo: la perfección sería muy gris.
ResponderEliminarBesos.
Marce: esto me está gustando muchísimo
ResponderEliminarMe alegro, Ginger, me alegro.
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