
Cuentan que Bronstein, en una ocasión, tardó 40 minutos en mover su primer pieza. Sin embargo, ganó la partida.
Seguramente, viendo en esa acción una táctica de juego, le preguntaron que había sucedido, por qué había tardado tanto.
El respondió, mirando fijamente al tablero: "Estaba pensando donde había puesto las llaves de mi casa".








